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Los errores caros de la primera vez
Casi todos los disgustos del primer viaje salen de la misma raíz: tratar la autocaravana como un coche grande cuando en realidad es una casa que se mueve.
El primero es planificar demasiados kilómetros. En un coche, 400 km en un día son cuatro horas largas. En un vehículo de siete metros que va a 90 por convencional, con paradas para repostar que exigen buscar gasolinera con acceso holgado, ese mismo día se te va entero y llegas de noche a un sitio que no conoces. Doscientos kilómetros diarios es un ritmo mucho más realista, y además es el que te deja tiempo para lo que has venido a ver.
El segundo es llegar tarde al sitio donde vas a dormir. Las áreas y los campings se llenan, y buscar plaza de noche con un vehículo grande, en un pueblo con calles estrechas y sin saber dónde puedes maniobrar, es la peor combinación posible. Llegar a media tarde cambia el viaje entero.
El tercero es fiarse del GPS del móvil sin más. Un navegador de coche te mete por calles con arcos, soportales y gálibos que no admiten tres metros de altura, y en cascos antiguos te puede dejar en un callejón sin salida del que solo se sale marcha atrás. Mira la altura y la longitud de tu vehículo, apúntalas donde las veas al conducir y usa un navegador que las tenga en cuenta.
El cuarto es no mirar la ordenanza del municipio antes de decidir dónde pasar la noche. Es un minuto de búsqueda y te ahorra la multa y, peor, que te despierten para moverte.
Y el quinto, el más silencioso: no nivelar el vehículo al aparcar. No es una manía de perfeccionista. La nevera de absorción, que es la que llevan muchos vehículos vivienda, pierde rendimiento si no está nivelada, y dormir en una cama con pendiente se nota a la tercera noche. Como bajar las patas en vía pública te convierte en acampada, la solución son las cuñas niveladoras bajo las ruedas, que no te sacan de la definición de estacionamiento porque sigues apoyado solo sobre ellas.