La sismicidad española no se reparte uniformemente. Hay provincias donde un terremoto sentido es noticia una vez al año, y otras donde hay actividad casi diaria. Estas son las zonas con mayor actividad sísmica histórica y reciente, donde merece la pena estar al tanto del mapa del IGN.
Granada
Granada es la provincia con más actividad sísmica del territorio peninsular español. La cordillera Bética concentra fallas activas que generan terremotos casi diarios, la mayoría de magnitud baja. La zona de Santa Fe, Atarfe, Loja y la vega granadina ha sufrido históricamente sismos significativos, como los enjambres de 2021 que tuvieron a la población durmiendo en la calle durante semanas. El terremoto de Andalucía de 1884, con epicentro entre Granada y Málaga, mató a cerca de mil personas. Hoy la vigilancia es constante y los terremotos sentidos en Granada son habituales pero generalmente sin daños.
Tenerife (Santa Cruz de Tenerife)
Tenerife es la isla más grande de Canarias y alberga el Teide, el volcán activo más alto de España. La actividad sísmica en la isla está estrechamente ligada a la dinámica volcánica: los enjambres sísmicos profundos bajo el complejo del Teide-Pico Viejo son monitorizados de cerca por el IGN como posibles precursores de actividad eruptiva. La mayoría de los terremotos en Tenerife son de magnitud baja y profundidad considerable (más de 20 kilómetros), lo que indica movimientos magmáticos en profundidad. Es una de las zonas más vigiladas de España junto con La Palma.
La Palma (Santa Cruz de Tenerife)
La Palma vivió en 2021 la erupción del volcán de Cumbre Vieja, precedida por un enjambre sísmico que duró días con cientos de terremotos. Desde entonces, la actividad sísmica de la isla ha bajado pero no desaparecido del todo: cada cierto tiempo se registran sismos profundos que indican que el sistema magmático sigue activo. La Palma es una de las zonas con mayor vigilancia sísmica de España, con estaciones específicas instaladas tras la erupción. Cualquier movimiento aquí se sigue con lupa por su potencial significado volcánico.
Almería
Almería forma parte de la zona sísmica del sureste peninsular junto con Granada y Murcia. El terremoto histórico de Vera-Cuevas del Almanzora de 1518 destruyó parcialmente varias localidades de la comarca. La cuenca de Almería-Níjar y el mar de Alborán generan actividad sísmica recurrente, mayoritariamente de baja magnitud. Los terremotos sentidos son habituales pero raramente causan daños. La provincia tiene además un componente sísmico marino: muchos epicentros se localizan bajo el mar, frente a la costa, donde la placa africana presiona contra la euroasiática.
Murcia
El terremoto de Lorca de mayo de 2011, con magnitud 5.1 y epicentro muy somero, causó nueve víctimas mortales y daños cuantiosos. Fue un recordatorio brutal de que la sismicidad murciana no es trivial pese a magnitudes moderadas: la profundidad somera de los focos amplifica la intensidad en superficie. La falla de Alhama de Murcia atraviesa toda la región y es la responsable de la mayor parte de los terremotos sentidos en la zona. Lorca, Totana, Murcia capital y el Mar Menor registran sismos pequeños con frecuencia. La construcción local incorpora ahora normativa antisísmica reforzada.
Málaga
Málaga comparte con Granada el cinturón sísmico bético. La sierra de las Nieves, la Axarquía y la zona del estrecho de Gibraltar concentran la mayor parte de los temblores provinciales. Hay actividad sísmica marina importante en el mar de Alborán, frente a la costa malagueña. El terremoto del estrecho de 1755 (terremoto de Lisboa, magnitud estimada 8.5-9) generó un tsunami devastador que afectó toda la costa onubense, gaditana y malagueña. La probabilidad de un evento así hoy es baja pero no nula, y los planes de protección civil contemplan ese escenario.
El Hierro (Santa Cruz de Tenerife)
El Hierro vivió en 2011 una erupción volcánica submarina precedida por miles de terremotos. La isla más joven y geológicamente activa de Canarias presenta enjambres sísmicos recurrentes, con magnitudes generalmente bajas pero secuencias intensas. Su pequeño tamaño hace que cualquier movimiento se sienta en buena parte del territorio insular. El IGN mantiene vigilancia continua sobre el sistema volcánico submarino. Si la actividad sísmica se intensifica, los volcanólogos lo perciben rápidamente. Después de la crisis de 2011, los protocolos de evacuación están bien definidos y la población formada.
Huelva y Cádiz (golfo de Cádiz)
La zona del golfo de Cádiz, frente a las costas onubense y gaditana, es una región sísmica importante por la convergencia de las placas euroasiática y africana en el banco de Gorringe. El gran terremoto de Lisboa de 1755 se originó en esta zona y generó un tsunami que arrasó las costas atlánticas. Hoy los sismos marinos en esta área son frecuentes pero generalmente de magnitud moderada. Los protocolos de alerta de tsunami están activos en toda la costa atlántica andaluza. Cualquier sismo grande en el golfo se vigila con atención especial.
Lleida (Pirineo catalán)
El Pirineo es una zona sísmicamente activa por la convergencia entre las placas ibérica y europea, que continúa empujando hacia el norte. Lleida, especialmente la zona de la Val d'Aran y el alto Pirineo, registra terremotos pequeños con frecuencia. El terremoto histórico de Ribagorza de 1373 destruyó varias localidades. La actividad reciente es de magnitud baja, raramente sentida, pero indica que la cordillera sigue tectónicamente viva. Los pasos fronterizos con Francia y Andorra atraviesan zonas con fallas activas que el IGN monitoriza junto con sus homólogos franceses.
Huesca (Pirineo aragonés)
Huesca y el Pirineo aragonés acompañan a Lleida en la actividad sísmica pirenaica. La zona del Sobrarbe y la Jacetania registra terremotos pequeños recurrentes. El terremoto de Martes (Aragón) de 1923, de magnitud estimada 5.5, fue uno de los más significativos del Pirineo en el siglo XX. La sismicidad local es moderada pero constante, y forma parte del estudio integral del sistema pirenaico. Cualquier sismo sentido en la zona suele venir acompañado de réplicas durante días, y el IGN publica los datos de inmediato para que la población pueda contextualizar lo que ha notado.